
Tras haberse incorporado al molino viejo una panadería con dos hornos (1857), a finales del XIX se le encarga al ingeniero francés Leopoldo Lemonier construir una moderna fábrica de harinas. Esta se inauguraba en 1878.
El molino tradicional fue sustituido por una "fábrica de pisos" capaz de organizar en su interior las operaciones de limpia, molienda y envasado, un proceso que necesitaba de un espacio flexible donde poder instalar todas las máquinas que eran ahora necesarias.
